LA TRIBUNA DE ALBACETE – 22/04/2013
A falta de poco más de dos meses para que entre en funcionamiento la línea de alta velocidad que conectará Madrid, Castilla-La Mancha y Alicante, las obras en el tramo entre Albacete y la capital alicantina han entrado en su fase final. El objetivo es que el próximo 24 de junio, coincidiendo con las fiestas patronales de San Juan tanto en la capital albaceteña como en la alicantina, la nueva línea de alta velocidad, la segunda para Albacete, eche a andar. Todo está casi listo para ello. Plataforma y montaje de vía ya están finalizados mientras que la señalización y la electrificación está pendiente de ajustes.
El Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) está desarrollando las pruebas pertinentes, con los denominados trenes laboratorio, para constatar que todos los elementos de la infraestructura funcionan correctamente.
Más de 1.900 millones de euros ha destinado el Ministerio de Fomento al tramo entre Albacete y Alicante. Tramo éste que discurre por un total de 162 kilómetros y que, a su vez, se divide en tres subtramos. El primero de estos subtramos comprende el trayecto entre Albacete y Almansa, el segundo llega hasta la estación de La Encina (Caudete) y el tercero es el que conecta esta última localidad albaceteña con la capital alicantina.
Hace ya un lustro, allá por el año 2008, que comenzaron las obras para construir la plataforma ferroviaria y las estructuras en este trayecto. Trabajos que, a su paso por Albacete, quedaron culminados el pasado verano y que han consistido en la implantación de una traza de 14 metros de ancho que albergará la doble vía.
Y es que en la línea entre Albacete y Alicante se ha optado por desdoblar la vía de tal forma que existan dos diferentes. Por una de ellas circularán exclusivamente los trenes de alta velocidad, por el denominado ancho internacional, mientras que la segunda combinará el tráfico ferroviario convencional y el de mercancías. En este último caso la vía es de ancho ibérico o convencional. La diferencia entre uno y otro ancho responde a una mera cuestión de orografía. En España, por tratarse de uno de los países más montañosos de Europa, los trenes necesitaban contar con una mayor tracción para circular.
Por este motivo tradicionalmente la vía férrea española, así como la del vecino Portugal, tenía una anchura algo inferior a la del resto de países europeos. Mientras que en toda Europa el ancho de vía era de 1.668 milímetros, en España ésta era de 1.435 milímetros.