LA VERDAD / LAS PROVINCIAS – 18/06/2013
Así han transcurrido los primeros minutos del trayecto en Alta Velocidad entre Alicante y Madrid
En un lugar de la Mancha, el cual no puedo nombrar, entre Cuenca y Madrid, con molinos de viento a la izquierda, vuela este AVE, el segundo que sale de la estación de Alicante camino de la capital de España.
El primero, histórico, salió a las seis de la mañana y a esta hora sus pasajeros ya deben estar en Cibeles. Sin embargo, en este tren que ha partido a las 7.10 horas hay movimiento. Se notaban ganas de Alta Velocidad entre los alicantinos que se encontraban a las seis y media de la mañana en la nueva Alacant Término, muy remozada.
Al llegar nos encontramos con las puertas del área AVE totalmente abiertas, un fallo de seguridad, puesto que la entrada se hace por el antiguo vestíbulo. El lugar que ocupaban los tinglados ahora es una enorme explanada con una rotonda, donde esperan los taxis.
El interior de la estación está muy cambiado. Cambio de suelo y una mano de pintura para que parezca nuevo. Al final, nos espera el ‘checking’. Mientras se hace cola, comienzan a aparecer móviles de la nada para inmortalizar el momento. Se ve de todo, desde señores encorbatados a jóvenes con ojeras en los ojos, pero una sonrisa enorme en los labios. Viaje, placer, todo se mezcla en este viaje.
Tras pasar los controles de seguridad, entramos en los vagones de AVE reciclados de otras líneas, pero bueno, dentro están bien conservados. La máquina se pone en marcha cuando faltan dos minutos para las 7.10 horas, parece que el compromiso de puntualidad es una obsesión, y más la primera jornada. En el asiento de Turista llama la atención que haya enchufes en todos los asientos, ideales para cargar portátiles, tablets, móviles, compañeros de viaje imprescindibles hoy en día.
Arranca de pronto y lo que era amanecer se hace de noche de repente. Es el túnel del soterramiento por donde salen ahora los AVE desde Alicante. Increíble, pero se echa de menos el paso a nivel de Ausó y Monzó después de tantos años de conocerlo. Claro, no somos conductores.
Salimos ya por el cementerio y el AVE se desliza suave. Nada más salir de Alicante, la megafonía anuncia la película. Antes, había que esperar a pasar de Albacete para que comenzara la sesión. Se ahorran el documental que siempre ponían.
Entre una cosa y otra, pasamos por delante de Elda (que ha perdido la conexión) y Villena, donde no para este servicio. Sin quererlo, estamos en Albacete en una hora. Son las 8.10 horas de la mañana. Se ahorra media hora respecto al viaje en Alvia.
Poca gente sube, apenas un 2% del total de pasajeros que ocupan este AVE, 256, según las cifras aportadas por Renfe. Los vagones tienen una ocupación del 80%, aproximadamente.
Nosotros seguimos camino. En preferente, es la hora del desayuno. Los turistas deberán ir al vagón cafetería, situado entre una y otra categoría. Más allá de preferente está la categoría Club.
Muy rico el croissant, pero la comida de los trenes es tan buena, por lo menos, como la de los aviones. Eso sí, el servicio es ejemplar y esmerado. Hay tensión. A una camarera se le cae una bandeja. Protesta: «Nunca se me cae nada y tiene que ser el primer día». Rápidamente lo limpia.
Avanza tranquilamente por la llanura manchega hasta Cuenca, donde llega en hora y media desde Alicante. No se ve a nadie en la estación, muy alejada de la ciudad. Parece una estación fantasma, empujada casi por el frío viento. Hemos dejado muy atrás el Mediterráneo.
Ahora, mientras escribo, estamos entrando en Madrid. Se cumple el horario establecido. Son las 9.40 horas. Tenemos todo el día para nosotros: el Prado, las tascas y el Bernabéu nos esperan.