DIARIO INFORMACIÃN» – 18/06/2013

Los cerca de dos centenares de personas que se agolparon, desde dos horas antes del inicio de la inauguración en el vestíbulo, para ver al Príncipe y al resto de autoridades se quedaron con las ganas ya que no pasaron por esa zona. 

En poco más de treinta minutos se ventilaron ayer el acto inaugural del AVE en Alicante. Llegada de autoridades desde Madrid, descubrimiento de la placa, discursos, fotos a empujones y vuelta al tren; media hora que apenas les dio a los alrededor de trescientos invitados para intentar , a codazos, saludar al presidente Rajoy o para conseguir una foto con el Príncipe en los apenas cinco minutos que transcurrieron entre el final de los discursos y la vuelta de las autoridades al tren para volver a Madrid, el único rato en que se percibió algo de calidez, por no llamarlo caos, en un acto, por lo demás frío, en el que incluso los aplausos que siguieron a los discursos de Fabra, Rajoy y Felipe de Borbón resultaron anodinos.

Con todo, los invitados al menos pudieron ver al Príncipe y a los miembros del Gobierno. Menos suerte tuvieron las alrededor de doscientas personas que, dos horas antes de la inauguración, se concentraron en el interior de la estación para intentar ver al Principe de Asturias. «Yo he venido para ver a Felipe y a Rajoy. Al Príncipe le quiero gritar tío bueno pero a Rajoy le quiero pedir trabajo», indicaba Toñi, quien, junto a otras dos mujeres, esperaba paciente tras las vallas de seguridad que impedían el acceso más allá del vestíbulo del recinto. Cerca de ellas, una mujer sujetaba una foto de la Reina Sofía y mostraba su ilusión por ver de cerca al Príncipe, mientras Juan y Elena, un matrimonio de jubilados, señalaba que «nosotros hemos venido a ver el acto». Juan, Elena y el resto de personas que esperaban en la estación tras las vallas de seguridad se quedaron, sin embargo, con las ganas de ver, aunque fuera de lejos, alguna cara conocida, ya que, desde donde estaban, era imposible ver ni oír nada del acto de inauguración que se celebró en la nueva terminal del AVE. «Esperamos que, como hace a veces, el Príncipe se salte el protocolo y venga a saludarnos», comentaba María Luisa, una de las mujeres que esperaban tras la valla, mientras su amiga Toñi aseguraba riendo que «si después de esperar horas aquí no vienen a saludarnos, salto la valla». Al final, no la saltó y, como el resto de curiosos, se marchó a casa decepcionada cuando se enteró de que Rajoy y el Príncipe ya estaban en el AVE de vuelta a Madrid. 

La rapidez del acto y la falta de contacto con los ciudadanos no respondió a la expectación que la inauguración provocó en las inmediaciones de la estación. Manifestaciones de protesta aparte, decenas de alicantinos se acercaron a la estación para ver algo de este día histórico en que llegaba a la ciudad la alta velocidad. Los más madrugadores pudieron entrar, aunque luego no les sirviera para ver nada pero, a partir de las doce de la mañana, los cuerpos de seguridad impidieron el acceso a la estación a cualquier persona que no estuviera invitada al acto inaugural o que no justificara, con su billete, su intención de coger un tren. 

Los invitados, tras sortear la valla del vestíbulo y pasar por los arcos de seguridad, se concentraron una hora antes del inicio del acto en la terminal del AVE, climatizada con aire acondicionado, amenizada con música suave y con agua mineral como único refrigerio, y esperaron entre corrillos la llegada del AVE procedente de Madrid. El flamante tren llegó a la estación a la una menos cuarto y con él, los ministros Pastor y Margallo, los presidentes María Dolores de Cospedal y Alberto Fabra, el presidente Rajoy y el Príncipe de Asturias que fueron recibidos al bajar del tren, y sin la presencia de la prensa, por una comitiva entre la que se encontraba la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, la persona que más dio que hablar en el acto después de que corriera el rumor en la terminal de que Rajoy la había saludado con frialdad debido a su imputación en el caso Gurtel.

Tras el descubrimiento de la placa conmemorativa por parte del Príncipe se sucedieron los discursos de Fabra, Rajoy y Felipe de Borbón quien se mantuvo impasible cuando, durante su alocución, se oyeron dos fuertes petardos procedentes de la calle, aunque a algún miembro de seguridad de la Casa Real sí se le vio algo inquieto no tanto por los petardos, lógicos en Alicante en vísperas de Hogueras, como por las manifestaciones del exterior. Los petardos, junto a bocinazos de las protestas que se estaban produciendo en la calle Bono Guarner fueron los principales signos que se percibieron durante el acto de las manifestaciones que se estaban produciendo en el exterior de la estación y que fueron totalmente ignoradas dentro. 

Al acabar el acto, y en los minutos que transcurrieron hasta que las autoridades se marcharon, se produjeron instantes caóticos con muchos de los asistentes intentando acercarse a los miembros del Gobierno y al Principe de Asturias, algunos con escasa fortuna, y eso que, entre los invitados, y al margen de los pesos pesados llegados desde la capital y de los miembros de Adif, se encontraban personalidades como el obispo, Jesús Murgui, el rector de la UA, Manuel Palomar, el presidente de la Federación de Hogueras, Manuel Jiménez y la Bellea del Foc, Beatriz Botella, así como representantes de las principales asociaciones empresariales de la provincia, mandos de los cuerpos de seguridad y del ejército y, sobre todo, periodistas y políticos, en su mayor parte del PP, que intentaban acercarse a Rajoy y al presidente de la Generalitat para arrancarles un saludo en medio del batiburrillo que se montó en apenas cinco minutos.

Don Felipe, todo sonrisas, saludó a los que conocía y a los que no, e incluso preguntó al presidente de la Federación y a la Bellea del Foc por los preparativos de las Hogueras al tiempo que accedió a fotografiarse con todo aquel que se lo pidió mientras lo permitió el tiempo. Por su parte, el presidente del Gobierno se mantuvo en todo momento cerca del Príncipe prodigando igualmente saludos a todo aquel que se le acercaba. Finalmente, la comitiva se dirigió de nuevo a sus vagones en el AVE acompañados, entre otros, por las alcaldesas de Alicante y Elche y la presidenta de la Diputación Luisa Pastor. Antes de subir a sus vagones, y aunque durante el acto inaugural Rajoy apenas se dejó ver en compañía de Sonia Castedo, el presidente se despidió de la alcaldesa de Alicante con dos besos, igual que hicieron la ministra Ana Pastor y la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal. También en el andén el presidente Alberto Fabra charló unos instantes con la alcaldesa de Alicante y con la de Elche y, tras la marcha del AVE, las autoridades de la Comunidad optaron por permanecer en la zona VIP de la terminal en un intento de hacer tiempo para que se calmaran las protestas de la calle y que, a esa hora, tenían cortada la avenida de Salamanca.

 

Don Felipe y Fabra coinciden en el verde de sus corbatas

Sería por una casualidad o porque quisieron hacer un guiño al verde institucional de Adif, pero el Príncipe Felipe y el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, coincidieron al elegir corbatas de color verde claro mientras que Rajoy se decantó por un más vistoso azulón. Como siempre, el color lo pusieron algunas de las mujeres como la ministra Ana Pastor, de rojo, aunque el blanco y el negro predominaron entre las invitadas como el caso de la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, quien, a su llegada al acto, comentó que «me he puesto guapa para la ocasión».